Seguridad Alimentaria, Reforma Agraria y Transgénicos (2002-02-01)

2002-02-01

Seguridad Alimentaria, Reforma Agraria y Transgénicos

En el marco del II Foro Social Mundial, realizado en Porto Alegre, Brasil, entre el 31 de enero y el 5 de febrero del presente año, Vía Campesina y la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, CLOC, promovieron el debate: «Reforma Agraria, Soberanía Alimentaria y Transgé-nicos». Al evento asistieron más de 2 mil personas, quienes escucharon las ponencias de Armando Bartra de México, Ricardo Petrela de Bélgica y Peter Rosset de los Estados Unidos.

Los expositores señalaron que el imponer un patrón único de vida significaría un «suicidio planetario», en referencia al intento de las grandes potencias de uniformizar el pensamiento, las semillas, los negocios, incluso las personas; eliminando la multietnicidad y desdeñando la preservación de la biodiversidad.

El agua como recurso indispensable para la producción de la tierra está bajo control de las grandes empresas de negocios del campo; la reforma agraria asistencialista, fundamentada en la entrega de tierra sin ser acompañada de políticas públicas de desarrollo económico, son otros de los problemas que aquejan no solamente a los campesinos, sino al mundo entero.

Ante esta situación, los presentes saludaron la posición de Vía Campesina y de la CLOC de «globalizar la lucha», pues esta estrategia es la única que se puede enfrentar a la mundialización impuesta por los grandes capitales y sus gobiernos. «Es preciso continuar luchando por la tierra, pero también por condiciones de producción y comercialización. Eso requiere una lucha global».

A continuación presentamos algunos análisis, definiciones, propuestas y acuerdos sobre lo debatido en este panel de Seguridad Alimentaria, Reforma Agraria y Transgénicos.

Soberanía Alimentaria

Se entiende por Soberanía Alimentaria el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas sustentables de producción, transformación, comercialización, distribución y consumo de alimentos, garantizando el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción y comercialización agropecuaria, y de gestión de los espacios rurales, en los cuales la mujer desempeña un papel fundamental. La soberanía alimentaria debe asentarse en sistemas diversi- ficados de producción basados en tecnologías ecológicamente sustentables.

LA OMC y al inseguridad alimentaria

Durante las dos últimas décadas se han aplicado políticas neoliberales tanto desde organismos multilaterales tales como el FMI, el BM y la OMC como desde muchos de los gobiernos del mundo. Y a pesar de todo ello, está muy lejos de haberse cumplido los compromisos adoptados para satisfacer las necesidades de alimentación de los pueblos.

Transcurridos más de 5 años desde la Cumbre Mundial de la Alimentación convocada por la FAO y celebrada en Roma-Italia, y más de 7 años de los acuerdos sobre agricultura de la Ronda de Uruguay del GATT (hoy OMC), la situación se ha agravado.

En nuestro planeta globalizado, hoy, más de 800 millones de personas sufren hambre y más del doble sufren malnutrición. Al menos 1.300 millones de seres luchan por sobrevivir con menos de un dólar por día. En nuestros tiempos cada día unas cien mil personas mueren de hambre en el mundo. Si a ese número increíble de personas sumamos las que mueren por epidemias y guerras en los países subdesarrollados, la cifra de muertos por causas atribuibles al modelo económico y social de crecimiento existente ascendió el año pasado a más de 58 millones. Esto es, una cifra superior de muertos a la que ocasionó la II Guerra Mundial durante seis años.

Están creciendo las desigualdades entre países ricos y pobres y también en el interior de todos ellos. Hoy más de 80 países tienen una renta per capita inferior a la de hace una década. Se está globalizando la pobreza y la exclusión social. Según el PNUD el 20% más rico de la población mundial controla el 86% del PIB mundial y el 82% de las exportaciones de bienes y servicios. En la actualidad 500 Corporaciones transnacionales producen aproximadamente el 47% del PIB mundial, ocupando al 1,59% de los trabajadores de todo el mundo.

Así pues, la esperanza de un nuevo milenio sin pobreza, sin hambre y en paz se ha visto frustrada para vergüenza de toda la humanidad.

La exclusión

El hambre y la desnutrición no son el resultado de la fatalidad, ni de un problema geográfico, ni de fenómenos climatológicos adversos, aunque todo ello puede influir. El hambre y la desnutrición son el resultado de haber excluido a millones de personas del acceso a bienes y recursos productivos tales como la tierra, el bosque, el mar, el agua, las semillas, la tecnología y el conocimiento. Son, ante todo, consecuencia de las políticas económicas, agrícolas y comerciales a escala mundial, regional y nacional impuestas por los poderes mundiales, sus corporaciones transnacionales y sus múltiples expresiones tanto en los países desarrollados como en los del Tercer Mundo, en su afán de mantener y acrecentar su hegemonía política, económica, cultural y militar en el actual proceso de reestructuración económica global.

Según los promotores de esas políticas, la liberalización del comercio potenciada en la última década, debería incrementar el volumen de los intercambios, estimular el crecimiento económico, modernizar las economías y reducir la pobreza y el hambre en el mundo.

Lo que ha sucedido en realidad es que esas políticas han aumentado las ventas y las ganancias de esos poderes económicos, mientras que los pueblos de los países en vías de desarrollo han incrementado su deuda externa y los sectores populares han aumentado sus niveles de pobreza, miseria y exclusión por todas partes. Se ha acelerado el ritmo de concentración del mercado agrícola internacional en unas pocas empresas transnaciona-les, aumentando simultáneamente la dependencia e inseguridad alimentaria de la mayoría de los pueblos.

Transnacionales, transgénicos, agroquímicos y agrotóxicos

El proceso de integración vertical del sector alimentario no tiene precedentes en la historia de las fusiones industriales. Las 10 mayores empresas de cada rama controlan el 84% del mercado mundial de agroquímicos, el 60% del mercado mundial veterinario, el 48% del mercado mundial farmacéutico y el 30% del mercado mundial de semillas. Cinco de esas grandes corporaciones están presentes simultáneamente en las cuatro ramas productivas señaladas (Pharmacia -antes Monsanto; Syngenta – fusión de Novartis y Astra-Zeneca; Dupont; Dow Chemicals y Aventis). Entre las cinco controlan el 100% de las semillas transgénicas del mundo y una de ellas, Monsanto, vendió el 94% de las semillas transgénicas plantadas hasta el 2001.

Desde 1995, el Acuerdo de la OMC impone una liberalización creciente de las políticas agrarias y de los intercambios de productos agrícolas. Las políticas de subvenciones a la producción y subsidios a las exportaciones permiten que las empresas transnacionales adquieran productos a muy bajos precios para venderlos a precios mucho más altos a los consumidores tanto del Sur como del Norte.

Las políticas neoliberales hacia el campo, de hecho han impulsado un proceso de desruralización forzada de vastas proporciones y consecuencias dramáticas. Han desencadenado una auténtica guerra contra las agriculturas campesinas e indígenas que, en algunos casos, llega a configurar un verdadero genocidio y etnocidio. Igualmente, las comunidades de pescadores artesanales han ido perdiendo cada vez más el acceso a sus propios recursos. El 70% de las personas pobres en el mundo viven en zonas rurales y dependen casi totalmente de la agricultura y el desarrollo rural para su subsistencia. Con las políticas neoliberales, el hambre y la malnutrición crecen, no por ausencia de alimentos, sino por ausencia de derechos.

Propuestas

Los asistentes a la Conferencia sobre Seguridad Alimentaria realizaron propuestas, entorno a las cuales los campesinos se comprometieron a movilizarse, con base a alianzas entre los diferentes actores de la sociedad, desde los campesinos a los consumidores, para que participen de forma activa en todas las tomas de decisión que afectan a la cadena alimentaria. Las propuestas son: – Reconocimiento del derecho a la alimentación como un derecho humano fundamental. – Reconocimiento de una agricultura con campesinos, indígenas y comunidades pesqueras. – Reconocimiento de la multietnici-dad de las naciones y reconocimiento y valorización de las identidades de los pueblos originarios. – Garantía al acceso a una alimentación sana y suficiente para todas las personas, principalmente para los sectores más vulnerables. – Puesta en marcha de procesos integrales de reforma agraria adaptados a las condiciones de cada país y región. – Acceso equitativo a los recursos productivos, principalmente tierra, agua y bosque, así como a los medios de producción, financiamiento y capacitación. – Desarrollo y promoción de sistemas alimentarios sostenibles. – Elaboración por parte de los Estados de un Código de Conducta sobre el Derecho Humano a una alimentación adecuada. – Ratificación y aplicación del Pacto sobre derechos económicos, sociales y culturales adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1996. – Defensa del derecho de los pueblos a la alimentación. Adopción por las Naciones Unidas de una Convención Mundial de Soberanía Alimentaria y Bienestar Nutricional. – Rechazo de cualquier injerencia de la OMC en la alimentación, la agricultura, la pesca y las políticas nacionales que las regulan. – Configuración de un nuevo orden democrático y transparente para regular el comercio internacional y que incluya la creación de una Corte Internacional de Apelación independiente de la OMC. – Cese inmediato de las prácticas comerciales desleales que establecen precios de mercado por debajo de los costos de producción, aplicando subvenciones a la producción y subsidios a las exportaciones. – Prohibición de la biopiratería y de las patentes sobre los seres vivos. – Prohibición de la experimentación sobre OGMs a cielo abierto, así como prohibición de su producción y comercialización hasta que se pueda conocer con seguridad su naturaleza e impactos, aplicando estrictamente el principio de precaución. – Integración de los objetivos de bienestar nutricional en las políticas y los programas nacionales de alimentación. – Reconocimiento del papel fundamental de las mujeres en la producción, recolección, comercializa-ción y transformación de los productos de la agricultura y la pesca así como en la preservación y reproducción de las culturas alimentarías de los pueblos. – Reconocimiento del derecho al acceso a los recursos naturales (tierra, semillas, agua, etc.) y la declaración de estos recursos como patrimonio de la humanidad. – La promoción de la agricultura campesina como modelo de producción de alimentos eficiente y sostenible. – La regulación democrática y participativa de los intercambios comerciales agrícolas con el objetivo de desarrollar un comercio más justo entre el campesino y el consumidor.

Por último, se llegó a los siguientes acuerdos:

– Generar una amplia difusión de los resultados de la Conferencia sobre Seguridad Alimentaria. – Participar en los procesos nacionales de preparación de la Cumbre Mundial de la Alimentación (Roma + 5). – Presentación y defensa de las propuestas realizadas en esta Conferencia en los Foros Regionales de preparación de la mencionada Cumbre, así como la participación en el Foro paralelo de la sociedad civil desarrollando las ideas de la Soberanía Alimentaria. – Preparar para el próximo FSM una Conferencia de Soberanía Alimen-taria articulada con un conjunto de talleres que permitan profundizar conceptos, intercambiar experiencias y ofrecer más y mejores respuestas.

 

 

 

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