LA AGROECOLOGÍA UN ENFOQUE FEMINISTA CLAVE EN LA LUCHA DE LAS MUJERES

Por Iridiani Seibert
Articulación Continental de Mujeres de la CLOC-Vía Campesina

La organización de las mujeres del campo en la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina) se fundamenta en la lucha por derechos, igualdad de participación política y reconocimiento de su rol en la producción de alimentos en la agricultura y en la reproducción y producción del modo de vida de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos en el campo en América Latina y el Caribe. Eso lo podemos ver en el rescate de la memoria de la reunión de mujeres desde el marco de la Campaña de 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular donde ellas constituyeran una comisión continental de mujeres para garantizar su participación y, sobretodo, garantizar que en la campaña quedaran plasmadas sus demandas políticas, así en el II Encuentro de la Campaña en Quetzaltenango (Guatemala) en el año de 1991 la comisión de mujeres planteó sus principales preocupaciones, que entre ellas destacase:

Reivindicaciones concretas a los gobernantes para alcanzar el real reconocimiento de la mujer y el respeto a sus derechos.

Trabajar por la plena participación social, política, económica y cultural de las mujeres en cada país, sobre la base de la igualdad y del reconocimiento de sus valores y experiencias (CLOC, 1997, s/p).

Un elemento clave en la lucha por reconocimiento de las mujeres del campo se dio en el seno de sus roles productivos, particularmente, en la valorización de su trabajo, ya que ellas son consideradas como meras “ayudantes” en el trabajo de producción, y a la vez, en el trabajo doméstico sus labores no son reconocidos como trabajo, sino como una ‘obligación” de naturaleza de su género femenino, esto es resultado de la división sexual del trabajo en el campo, producto del sistema capitalista y patriarcal. Así, es que desde la lucha por derechos que las mujeres identifican otras situaciones de opresión, discriminación y explotación a que están sometidas por el simple hecho de ser mujeres y que esta realidad no es circunstancial sino estructural de una sociedad construida sobre las bases del modelo capitalista, racista y patriarcal, por esta razón ellas defienden como carácter orientador de su organización y lucha la unidad entre “la perspectiva de género, clase y etnia, alineada a una mística latinoamericana que respete el pluralismo cultural como riqueza de nuestro pueblos.” (CLOC, 1997, s/p).

Para las mujeres del campo queda evidente que su lucha por el derecho a la tierra, a los territorios, al agua, a las semillas nativas y a todos los bienes de la naturaleza y por una agricultura campesina que va en contraposición al modelo depredador, explotador, deshumano del capitalismo en el campo, un modelo productivo destinado solamente a generar acúmulos económicos a las grandes empresas trasnacionales de la agro exportación va de la mano de la discriminación, exclusión y violencia racial y de género, y esa comprensión de la estructura de un sistema social a la cual están inmersas es eje central de la organización y lucha feminista de las mujeres de la CLOC. En base a esta definición política y acción de lucha permanente, las mujeres del campo son sujetas centrales en la defensa de una agricultura campesina basada en la agroecología y hacia la Soberanía Alimentaria que para la CLOC segundo Irene León es:

El conjunto de derechos de los pueblos a definir sus propias políticas de agricultura y alimentación, lo que contempla proteger y regular la producción agropecuaria y el comercio agrícola interior para el desarrollo sostenible, proteger el comercio doméstico en contra de las importaciones y limitar el dumping social y económico d productos en los mercados. Se materializa en el derecho a decidir cómo organizar la producción, que y como plantar, y como organizar la distribución y consumo de alimentos, priorizando productos locales y variedades criollas (2010, pp. 23-25).

A partir de esta concepción política y sobretodo de un principio y ética de vida y forma de ver el mundo que las mujeres de la CLOC siendo sujetas claves en la construcción de esta propuesta política de la Soberanía Alimentaria identifican la necesidad de dejar plasmado que:

La Soberanía Alimentaria está alineada con la justicia de género. Incorpora una agenda de reivindicación de la valoración de la función social histórica de las mujeres campesinas entorno al proceso creativo de la producción alimentaria pues se asume que el contribuirá al reconocimiento de su calidad de sujetas y ciudadanas, y una agenda de reparación en el ámbito de las relaciones sociales de genero dada la anulación del valor de la participación femenina desde la división patriarcal del trabajo (LEON, 2010, pp. 30-31).

Las mujeres de la CLOC desde una perspectiva feminista critica delimitan la importancia del reconocimiento del papel de las mujeres realizado cotidianamente en la resistencia al modelo depredador del capitalismo agrario, cuando ellas preservan y multiplican las semillas nativas, producen alimentos sanos, diversificados y sin agro tóxicos, realizan la crianza de los animales de razas locales, promoviendo la preservación de la biodiversidad local, la preservación y difusión de los conocimientos y saberes populares sobre las siembras, las culturas y la historia de los pueblos, cuando son las primeras en identificar la importancia de la agroecología como posibilidad real para el fortalecimiento del modo de vida campesino, indígena y de las comunidades negras. Para ellas:

La agroecología no es algo nuevo, las y los campesinos del mundo hemos hecho agroecología desde los inicios de la agricultura. La agroecología es el nombre moderno que hoy se le da a nuestra forma de hacer agricultura, de criar animales, de cazar, pescar, recolectar y convivir con los ecosistemas para garantizar nuestro bienestar y simultáneamente cuidar la madre tierra para todas las generaciones futuras. Es fruto de la sabiduría de los pueblos originarios que se fortalece hoy con el rescate de prácticas e innovaciones campesinas para asegurar la producción de abundantes alimentos saludables para nuestros pueblos. Este tipo de agricultura es el legado que nos han dejado los ancestros, la agroecología campesina y popular abreva y genera saberes locales, promueve identidad campesina e indígena y fortalece la economía local campesina promoviendo la justicia social. Es una propuesta política de los pueblos del campo ante el modelo alimentario industrial que ha generado una crisis económica, política, social y ambiental. No es únicamente una forma de producir ni un conjunto de técnicas, es un modo de vivir que se adapta a cada lugar, a cada territorio y a sus características sociales y ambientales únicas. Por lo mismo, debemos luchar por contrarrestar las tendencias corporativas mundiales y de mercantilización de la agroecología, que en aras de mantener el control de la agricultura y la alimentación sin dejar espacio a la agricultura campesina asumen un discurso agroecológico por capturar la narrativa de la sustentabilidad. (MONTECINOS, 2018, s/p).

A partir de esta comprensión podemos afirmar que la agroecología brinda una serie de posibilidades que aportan al proceso de construcción de la autonomía e emancipación de la mujer del campo, claro que eso solo tiene efecto concreto en la vida de las mujeres cuando aunado a la organización política y social de estas mujeres para igualmente brindarles autonomía política sin la cual el proceso de emancipación de la mujer no es completo y efectivo. Veamos algunas oportunidades que la agroecología ofrece al proceso de liberación de las mujeres del campo.

La Agroecología nos permite superar muchas de las dicotomías que hoy fortalecen la división sexual del trabajo en el campo y que inviabilizan el trabajo de las mujeres. En primer lugar, demuestra que no hay oposición entre cuidar la naturaleza, las semillas o las yerbas medicinales con el objetivo de producir; por el contrario, son cuidados que nos permiten reforzar, recuperar, mejorar y finalmente garantizar procesos productivos vigorosos y sustentables. La experiencia incluso muestra que podemos mejorar nuestras producciones al mismo tiempo que disminuimos el trabajo necesario.

También nos ayuda a superar la dicotomía entre distintos espacios productivos, porque todos los espacios y sus interacciones son los que hacen a una finca o un territorio más o menos productivo, resiliente y estable. Huerta, huerto, chacra, potrero, jardín, plantación, pradera, corral, bosque se interrelacionan, retroalimentan, vinculan a través del flujo de trabajo, nutrientes, energía, desechos, desbaratando la supuesta jerarquía entre ellos.

La agroecología no sólo necesita nuestros conocimientos, sino que nos permite fortalecerlos y proyectarlos hacia el conjunto de la sociedad, y deja sin sustento las pretensiones que nuestros saberes son inferiores o limitados. La agroecología permite corroborar el gran valor de la observación y el cuidado prolongados, cuidadosos de las mujeres. La agroecología es también el reconocimiento de las practicas que ellas y sus antepasadas, construyen histórica y socialmente, es el reconocimiento y valoración de sus conocimientos, de su vida y de sus comunidades y ellas entienden la agroecología como parte del proyecto de agricultura campesina que defienden y construyen en el cotidiano de sus vidas, de sus comunidades.

La agroecología como nosotras la definimos desconcentra y desenajena los mercados, acortando los circuitos comerciales y poniendo al centro la producción de alimentos, lo que hace posible nuestra participación en condiciones de igualdad y cooperación. Los circuitos cortos también nos liberan de la explotación de los intermediarios, permitiéndonos seguir nuestros propios tiempos y compensando nuestro trabajo de mejor manera.

Por medio de la agroecología las mujeres del campo resignifican su cotidiano a partir del momento en que pasan a ser referencias en la construcción de este paradigma agroalimentario, por ejemplo, al salir de la casa para hablar del trabajo que realizan, al recibir visitantes en su casa para enseñarles sus conocimiento, el trabajo realizado por ellas, al volverse responsables de la gestión de los recursos financieros generados a partir de su trabajo de producción, lo que les genera autonomía económica y eso genera también cambio en las relaciones sociales dentro de la familia campesina, donde el trabajo de la mujer pasa a ser valorado y su participación en las decisiones sobre la unidad productiva pasan a estar en pie de igualdad con los demás miembros de la familia. 

Es en la lucha por igualdad de derechos, por su emancipación, por el fin de la violencia practicada hacia las mujeres y contra el agro negocio y en la construcción de la Agroecología y de la Soberanía Alimentaria que las mujeres del campo organizadas, se descubren feministas. Y es a partir de esta experiencia práctica de la necesidad de lucha de las mujeres del campo, que nace el Feminismo Campesino y Popular, que nada más es que:

Una estrategia política para la emancipación y liberación de las mujeres frente a las desigualdades sociales, económicas y policías que el capitalismo, el patriarcado y el racismo las somete histórica y socialmente. Es una formulación política e histórica de las mujeres del campo a partir de los procesos políticos organizativos, de formación política y de luchas concretas que cambian la vida social, económica y política de la clase trabajadora y en particular de las mujeres, elementos que determinan la praxis, práctica cotidiana, de la vida de las mujeres del campo. Praxis que buscamos nombrar con el Feminismo Campesino Popular. No inventamos algo nuevo, sino que reafirmamos nuestro caminar y nuestro accionar social e histórico desde nuestra realidad de vida y trabajo y la construcción de la nueva sociedad (CLOC, 2019, pp. 11-12).

A pesar de las múltiples contribuciones de la agroecología a la promoción de la autonomía de las mujeres, identifica-se la necesidad de una mayor aproximación de la agroecología al feminismo, pues comprendemos la Agroecología como movimiento y practica social, que nace de las luchas sociales de los campesinos, indígenas, comunidades negras organizados, que cuestiona las injusticias y desigualdades sociales, como el acaparamiento de la tierra, el saqueo de nuestros territorios, la privatización del agua y de la biodiversidad. De tal manera, que la agroecología no puede negarse a reconocer y discutir las desigualdades a las que están sometidas las mujeres del campo, teniendo en cuenta que estas son importantes sujetos de la lucha agroecológica en su construcción cotidiana, practica, política y teórica. No puede haber agroecología sin la participación protagónica de las mujeres, sin el reconocimiento de su valor y sin que esta tome como uno de sus principios el enfrentamiento a las desigualdades y opresiones que afectan a la vida de las mujeres. No puede haber Agroecología si en el mismo espacio conviven relaciones desiguales de poder, relaciones de violencia y de discriminación hacia la mujer o a cualquier otro ser humano o de la naturaleza

Entendemos que la relación entre agroecología y el feminismo campesino y popular es una construcción dialéctica que se retroalimenta en la práctica cotidiana, y que necesita ser fortalecida y profundizada de igual manera, y esa es tarea de todas y todos en nuestras organizaciones populares del campo de América Latina.

08 de marzo del 2020: Las mujeres de la CLOC/LVC seguimos en pie de lucha por una Agroecología con enfoque feminista en el continente

Estas son las razones por las que cada 08 de marzo las mujeres del campo nos movilizamos en cada uno de nuestros países por el día internacional de las mujeres con la vocación y el sentido de seguir resistiendo y luchando por la vida, desde la producción campesina garantizando la soberanía alimentaria. En este 2020 desde la Articulación de Mujeres de la CLOC-LVC nos sumamos al llamado realizado del 25 al 30 de noviembre de 2019 por la Vía Campesina internacional de Lucha por la Eliminación de la violencia contra las Mujeres y por sociedades conscientes y libres, sin exploración de los seres humanos y de la naturaleza. A la vez que denunciamos al sistema capitalista, patriarcal, racista y colonizador, que explota, oprime y atenta en contra de la vida de las mujeres y de la humanidad.

Las marchas, foros, conferencias de prensa, ferias, acciones de denuncia y plantones marcaron la pauta este año en diferentes países donde las mujeres del campo nos pronunciamos contra todas las formas de opresión y discriminación que se viven a diario por las mujeres a nivel general y en particular por las mujeres que habitan el medio rural, a la vez que estas acciones permitieron visibilizar nuestras luchas por el derecho a la tierra, el territorio, el agua, las semillas y por una verdadera soberania alimentaria, afianzando así el feminismo campesino y popular y nuestra apuesta por transformar las desigualdades sociales en el campo.

Marcaron nuestras acciones la denuncia en contra del modelo depredador del capitalismo en el campo y para todos los trabajadores/as, las políticas ultra neoliberales de los gobiernos de extrema derecha que se han instalado en muchos países del continente como la acción de las mujeres Sin Tierra en Brasil en la ocupación del Ministerio de Agricultura, sumándonos a la histórica movilización de millones de mujeres en las calles de Chile por el fin de la violencia patriarcal respaldada por los Estado, a las inúmeras movilizaciones por los derechos sociales, políticos, sexuales y reproductivos de las mujeres en Argentina, Ecuador, El Salvador, Perú, Paraguay y República Dominicana.

La denuncia de la persecución y asesinato a las lideresas sociales que lucha por sus territoritos y por los derechos de sus pueblos, como el caso de los 04 años del asesinato de la lideresa campesina Berta Cáceres en Honduras y el segundo año del asesinato de la concejala Marielle Franco de Brasil, hasta hoy sin respuestas y puniciones a los culpables y mandatarios de este crimen. Exigimos justicia por ellas y tantas otras mujeres luchadoras. No más criminalización. Si al derecho de luchar.

Muchas fueron las actividades realizadas por las mujeres en el continente en el sentido de fortalecer y diseminar la comprensión de la propuesta de un Feminismo Campesino y Popular como una estrategia que parpase todas las demás propuestas políticas del movimiento del campo de América Latina y el Caribe desde un enfoque feminista trasversal y profundo, como lo son la Agroecología, la Soberanía Alimentaria, la Reforma Agraria Popular e Integral, la Carta de los Derechos de los/as Campesinos/as y demás luchas en el campo. Para eso se realizó en Honduras el Encuentro Centroamericano de Feminismo Campesino y Popular y otros foros, seminarios, talleres, encuentros y escuelas que trataron este tema em Argentina, Brasil, Cuba y otros países. Y en este sentido la formación política para mujeres también estuvo presente en este 08 de marzo con la Escuela Margarita Murillo en Honduras y la Escuela Semillas de Esperanza en Brasil.

Muchas mujeres salieron a celebrar sus logros y a defender sus procesos de cambio social y revolucionarios como las mujeres cubanas, las mujeres venezolanas y nicaragüenses frente a los ataques y bloqueos incesantes del imperio estadunidense estas mujeres junto a sus pueblos siguen resistiendo y enseñándonos con sus acciones de solidaridad y humanismo.

Hubieron también acciones que permiten sembrar esperanzas de que un mundo nuevo puede construirse para mujeres y hombres, con la defensa de La Madre Tierra, de las Semillas, de la producción de alimentos sanos que generan salud y vida para la naturaleza y para las personas para enfrentar tiempos complejos de Pandemia mundial que nos avasallan vidas humanas diariamente en todo el mundo y que llega a nuestro continente. Tiempos que nos asustan, pero a la vez dejan más una vez clara la falencia y el fracaso del sistema capitalista y sus formas de producción globalizada, de un sistema agroalimentario globalizado y depredador, que lleva la marca de la destrucción ecológica y social de los campos. Así que queda más evidente que nuestra propuesta de una agroecología campesina, de producción y distribución de circuitos cortos se hacen fundamentales para enfrentar las diversas crisis que el sistema capitalista ha creado y seguirá creando si no lo frenamos lo más pronto posible. Un cambio profundo de paradigma productivo, social y humano se hace mas necesario que nunca.

Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista!!!

Sin feminismo

No hay Agroecología!!!

Con feminismo

Construimos Socialismo!!!

Referencias bibliográficas:

CLOC, Nosotras mujeres construyendo caminos de esperanza avanzamos en el campo de América Latina y el Caribe, [Memoria de la I Asamblea de Mujeres de la CLOC realizado por Gilma Benitez], 1997.

CLOC, VII Congreso Continental CLOC-LVC, [cuaderno de documentos preparatorios al VII Congreso], La Habana, Cuba, 2019.

CLOC, Región Caribe demanda garantía en el derecho de la mujer, Disponible en: http://www.cloc-viacampesina.net/noticias/region-caribe-demanda-garantia-en-los-derechos-de-la-mujer. Acceso en: 26 de marzo del 2020.

LEON, Irene, Soberanía Alimentaria: aproximaciones a un debate sobre alternativas de desarrollo y derechos de las mujeres, [Documento elaborado para el Cuaderno de debates de la Escuela de Mujeres del Cono Sur], 2010.

MONTECINOS, Camila, Feminismo y agroecología, [Documento elaborado para el I Encuentro Global de las Escuelas de formación en Agroecología], La Habana, Cuba, 2018.

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