“Las mentiras paraguayas de las élites brasileñas”

Lunes 23 de Julio de 2012

La irregular destitución de Fernando Lugo en Paraguay logró un curioso lobby en Brasil a favor de Federico Franco, el nuevo Presidente. Al respecto, muy interesante para debatir y hasta polemizar, un texto de Joao Pedro Stedile, coordinador nacional del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem-Terra, y de Via Campesina Brasil, que publicó el diario Folha de S. Paulo.



por JOÃO PEDRO STEDILE

S. PAULO (Especial para Folha). Apenas había terminado el golpe de Estado contra el presidente Fernando Lugo y flamantes voceros de la burguesía brasileña salieron en coro a defender a los golpistas.

Sus argumentos eran los mismos de la corrupta oligarquía paraguaya, también repetidos en coordinación con otros derechistas en todo el continente. El juicio político, a pesar de tan rápido, habría sido legal. No importa si las razones alegadas eran verdaderas o justas.

Fueron repetidos argumentos paranoicos de la Guerra Fría: “El Paraguay se salvó de una guerra civil” o “Paraguay se salvó del terrorismo de los sin tierra”.

Si la sociedad paraguaya estuviera dividida y armada, sin duda los partidarios del presidente Lugo en paz no aceptarían pacíficamente el golpe.

Curuguaty, que terminó con 7 policías y 11 sin tierra asesinados, no fue un conflicto tradicional de tierra. Sin que nadie, de los dos lados, estuviera dispuesto, hubo una masacre indiscriminada, claramente diseñada para crear una conmoción nacional. Hay pruebas de que se trató de una emboscada armada por parte de la derecha paraguaya para culpar al gobierno (N. de la R.: por entonces, de Fernando Lugo).

El conflicto fue el principal argumento utilizado para destituir al entonces Presidente. Si ese criterio se utiliza en todos los países de América Latina, Fernando Henrique Cardoso sería depuesto por la masacre de Carajás. O el gobernador (Geraldo) Alckmin por el caso Pinheirinho.

(N. de la R.: Gildo Insfrán hubiese sido destituido en Formosa por el incidente en la comunidad La Primavera).

Paraguay es el país del mundo con mayor concentración de la tierra. De sus 40 millones de hectáreas, 31.086.893 hectáreas son de propiedad privada. Los otros 9 millones siguen siendo tierras públicas en el Chaco, región de baja fertilidad y escasa incidencia de agua.

Sólo el 2% de los propietarios son dueños del 85% de todas las tierras. Entre los grandes terratenientes del Paraguay, los agricultores extranjeros poseen 7.889.128 hectáreas, el 25% de las haciendas.

No hay paralelo en el mundo: un país que haya “renunciado” pacíficamente a ceder a los extranjeros el 25% de su territorio cultivable. De esa superficie total de propiedad extranjera, 4,8 millones de hectáreas pertenecen a brasileños.

Sobre la base de la estructura de tierras, hay 350.000 familias, en su mayoría pequeños campesinos y terratenientes medianos. Alrededor de 100.000 familias son los ‘sin tierra’.

El gobierno reconoce que, desde la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) fueron entregados a los agricultores locales y a extranjeros alrededor de 10 millones de hectáreas de tierras públicas de manera ilegal y corrupta. Y es en estas tierras donde los movimientos campesinos del Paraguay exigen una revisión.

Según el censo paraguayo, en 2002 había 120.000 brasileños en Paraguay, sin ciudadanía. De ellos, 2.000 grandes agricultores controlan grandes áreas superiores a las 1.000 hectáreas y se dedican a la producción de soja y algodón para empresas transnacionales como Monsanto, Syngenta, Dupont, Cargill, Bunge…

Hay, además, un sector importante de medianos propietarios y un gran número de brasileños sin tierra que viven allí como trabajadores: los brasileños pobres que la prensa y la sociología rural denominaron “brasiguaios”.

El conflicto principal es de la sociedad paraguaya y de los campesinos paraguayos: recuperar los 4,8 millones de hectáreas usurpadas por los agricultores brasileños. De ahí la solidaridad de clase que otros ruralistas brasileños manifestaron indirectamente en contra del gobierno de Lugo y a favor de sus compañeros usurpadores.

Lo más gracioso es que las élites brasileñas nunca reclamaron que, en función de que el Senado paraguayo siempre detuvo todos los nombramientos durante los 4 años de gobierno de Lugo, la embajada en Brasil no tuvo representante durante todo ese período.

 

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