Paraguay: Mujeres rurales abordaron la problemática de las semillas en el marco de un seminario

11 de setiembre de 2013

semillasmujers_parag.jpgBajo el lema: “Mujeres campesinas e indígenas, cuidadoras de las semillas nativas y criollas”, el pasado 16 de agosto se llevó a cabo en la plaza Uruguaya de Asunción el Seminario “Semillas nativas y criollas: desafíos y amenazas que enfrentan”, organizado por la Coordinadora Nacional de Organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas (Conamuri) y el Espacio Orgánico.

El programa incluyó el intercambio de semillas nativas y criollas entre las presentes, en su mayoría mujeres, venidas desde diferentes departamentos: Itapúa, Alto Paraná, Caaguazú, San Pedro, Misiones, Concepción, Central.

El panel estuvo a cargo de Gilberto Schneider (Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil), quien disertó sobre las semillas criollas; Quintín Riquelme y Elsy Vera (Centro de Documentación y Estudios) hablaron acerca del aporte de las mujeres a la economía familiar campesina; Miguel Lovera y Silvia González (Espacio Orgánico) se ocuparon de los transgénicos en Paraguay; y a María Moreno (Conamuri) le tocó explayarse sobre Semilla Róga y la agroecología.

Panel 1 “Semillas Criollas”

En su intervención, Gilberto Schneider, quien es integrante del Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA) de Brasil, resaltó las diferencias más notables entre los modelos que se disputan la tenencia de las semillas.

Si por un lado, la agricultura es creación de los pueblos en un proceso que llevó miles de años, ninguna planta ha sido desarrollada desde su base por las empresas que hoy pretenden patentar material genético como si de su invención se tratara: “los pueblos garantizan la alimentación del mundo a partir de los conocimientos heredados de generación en generación, con un fin dirigido a atender las necesidades de la población, en tanto que las empresas desarrollan híbridos y transgénicos para la concentración del capital y generación de lucro a través de la naturaleza”, dijo el panelista, puntualizando que el campesinado ve las semillas como alimentos, mientras que el agronegocio lo conciben como una forma de ganar más dinero, controlando, incluso, otros sectores como el mercado de agroquímicos, farmacéutica, veterinaria, etc.

“Cuanto más diversos sean los alimentos, mayor longevidad se puede alcanzar, y las empresas quieren reducir la alimentación mundial a cinco productos”, sostuvo Schneider durante su alocución, indicando que las plantas son, básicamente, remedios que curan todo tipo de enfermedades, ya que del 70 a 80% de los productos de farmacia que se utilizan tienen como base moléculas alojadas en las plantas.

El invitado explicó también que el capital se disfraza de “leyes y aspecto técnico para decir que las semillas transgénicas son mejores y condenar así nuestras semillas campesinas como piratas”. Indicó que las semillas son cultura de los pueblos campesinos y originarios, pero que el Estado se coloca al lado de las grandes empresas para garantizar el monopolio de los transgénicos. “En este sistema, al campesinado le queda solo pocos años de existencia, porque destruyendo las semillas nativas y criollas, se elimina una parte del campesinado”, señaló.

Panel 2 “Aporte de las mujeres en la economía familiar campesina”

Quintín Riquelme y Elsy Vera, integrantes del Centro de Documentación y Estudios (CDE) presentaron en el panel los resultados de una investigación que vienen desarrollando desde varios meses sobre el rol de las agricultoras en la producción de alimentos, estudio realizado en 5 departamentos del país, todavía inédito.

Vera explicó que el objetivo con esa investigación es destacar el aporte de las mujeres en la producción de alimentos, en el marco de la agricultura campesina, que en cifras oficiales “se encuentra invisible”. En el último Censo Agropecuario (2008), las mujeres productoras representan tan solo el 22% frente al 88% de los hombres.

En zonas rurales, las mujeres que se dedican al trabajo doméstico se encuentran en el área de “inactividad”. La investigadora continuó: “Más de 3 mil mujeres rurales figuran como inactivas, ¿por qué?, ¿será que no trabajan en la casa? Pero se levantan a las 4 de la mañana y por las noches son las últimas en acostarse. ¡Claro que tienen cosas que hacer! Pero es un trabajo invisibilizado”.

Expuso también que las mujeres en el campo dividen el trabajo reproductivo del cuidado, todo lo referente a las tareas domésticas, como cuidar niños, cocinar, etc., diferenciándolo del trabajo productivo en la huerta y en la chacra. “Hicimos varias entrevistas a mujeres organizadas y no organizadas en los 5 departamentos estudiados. Nuestra conclusión fue que el primer mandato de las mujeres en el campo tiene relación con los alimentos”.

Continuó diciendo: “De acuerdo a la necesidad de la familia, la prioridad es alimentar a la gente que está en la chacra. Después tienen que asistir a los chicos que van a la escuela. Ella sostiene ese trabajo doméstico y después tiene su trabajo productivo, que es una responsabilidad agrícola. Este trabajo tiene ciertas particularidades pues se desenvuelve en un contexto propio: no hay agua corriente en muchos asentamientos, por lo que hay que acarrear agua, buscar leña, cuidar de los animales domésticos. Todo esto es parte del trabajo que realiza la mujer en la casa. Es muy importante y no es reconocido, aunque las mujeres no sepan de domingos ni feriados”.

Sobre la cría de animales y el cuidado de la huerta como una extensión de las tareas domésticas, mayormente a cargo de las mujeres en el hogar, la investigación arrojó como resultado que estas actividades producen insumos básicos que tienen un costo en el mercado, lo que significa que, de alguna manera, representan un aporte económico concreto de las campesinas, por lo que no se justifica que en los datos oficiales figuren como inactivas.

“Dependiendo del periodo agrícola, las mujeres se van a las cosechas. Se convierten en mano de obra invisible porque actúan en calidad de ayudantes. Pero los frutos de su faena tienen un costo que se mide en cálculos monetarios. Ellas cocinan en su casa para quienes acompañan las tareas en la chacra, y al volver de allá tienen que cocinar de nuevo. De alguna manera, esto es el trabajo y aporte de las mujeres campesinas”, relató Vera.

Por último, dijo que es importante debatir este tema porque, como las mujeres rurales no aparecen en las estadísticas, no son sujetas de inversión social. “El Estado debe reconocer esta situación como un elemento que produce desigualdad y debe desarrollar políticas públicas para fomentar la participación de las mujeres en otros ámbitos de la sociedad”, finalizó.

Panel 3 “Transgénicos en Paraguay”

El Espacio Orgánico, que articula a profesionales relacionados al mundo campesino, la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación, estuvo representado en la mesa del panel por el Ing. Miguel Lovera y la Dra. Silvia González

Lovera hizo un recorrido histórico para explicar en qué momento se empezó a cultivar transgénicos en el Paraguay, coincidiendo con la liberación en el resto del mundo, a finales del siglo XX.

Según sus cálculos, casi todas las semillas son controladas por las mujeres, por lo que solo en Paraguay, el uso de las semillas nativas y criollas no es menor a 2 mil millones de dólares.

“Esa es la verdadera competencia que encuentra Monsanto, el conocimiento que tienen las agricultoras, que crean una barrera a su interés por controlar la alimentación de la gente. Es buen negocio forzar a la población a consumir ciertos tipos de alimentos solamente, que no se sabe qué son, quién ni cómo se producen”, explicó el ex titular del Senave.

“En términos de variedades”, continuó Lovera, “se usa solo 8% de los alimentos. Estos son datos escandalosos de la Administración de Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) de EEUU: 800 variedades de pepinos había a mediados de siglo en ese país del norte; ahora son solo 20. Ese es el modelo que se está exportando, es el ideal de muchos de nuestros tecnócratas y políticos sumisos”.

Lovera recomendó no fiarse de los datos oficiales porque “todos están viciados de falsedades múltiples”. Lo dijo en referencia a que, según las instituciones competentes, la soja RR ocupa casi 3 millones de hectáreas cultivadas, cuando esa cifra, a estas alturas, podría ser mucho mayor. “Van a llegar a esas tierras donde van a ganar más. Es cuestión de tiempo convencer al campesino de que se vaya, presionarle con la soja hasta en el umbral de su puerta. Es una guerra por el control de los alimentos”, puntualizó.

Aparte de la soja, considerada el rubro de exportación más importante del país, “otro que nos causó muchos problemas es el algodón transgénico. ¿Cuánto rindió por hectárea en sus zonas? La inversión no sirvió. El Ministerio de Agricultura dijo que el promedio nacional es de 900 kilos, pero estos son cultivos que corresponden a los menonitas, en el Chaco, rindió bien allí porque el modelo es para ellos, pero ¿qué pasa con ese campesino que se dejó convencer por los técnicos y abandonó sus rubros básicos para cultivar algodón transgénico? Se requieren al menos 15 hectáreas de algodón, tractores, créditos de la cooperativa para comprar los agroquímicos, ¿cómo un agricultor tradicional va a mantener ese ritmo?”, reflexionó.

Lovera tampoco dejó de mencionar el maíz transgénico, una pesadilla en la que hoy estamos inmersos gracias al golpe de Estado auspiciado por las transnacionales del agronegocio, entre ellas, Monsanto. “Hace rato que hay maíz transgénico en el Paraguay, incluso hay cultivadores piratas que hacen su propia hibridación. Traen la semilla de contrabando para mezclar y para vender. La pérdida de la soberanía alimentaria, con esto, será total”, sentenció.

“Tenemos 5 variedades de maíz transgénico aprobadas y 4 ya inscriptas en Paraguay. ¿Qué puede pasar? Se van a contaminar nuestras 11 razas y 200 variedades de maíz que existen. Ustedes dirán: ‘¡cómo si nosotros cuidamos de esas semillas!’ Y la reacción de las empresas multinacionales se dará a través del sabotaje. Una vez que se contamine cualquier variedad, la empresa se convierte en el dueño de la patente de ese maíz que contamina la chacra ajena”.

El panelista concluyó acusando al Estado paraguayo de ser el responsable de esta situación por aprobar, violando la normativa vigente y por decreto del entonces presidente Federico Franco, el ingreso del maíz genéticamente modificado, en vez de proteger al país y perseguir este tipo de actividades nocivas a la salud y al medioambiente.

Por su parte, Silvia González narró el proceso que permitió la legalización del maíz transgénico en nuestro país, desde el periodo constitucional de Fernando Lugo hasta hoy. “Antes de la asunción de Federico Franco en el gobierno de facto, teníamos una sola variedad, la soja RR. Durante el gobierno de Lugo, el ministro de Agricultura, Enzo Cardozo, firmó una resolución disponiendo la liberación del algodón Bolgart BT, pero el Senave, bajo la presidencia de Miguel Lovera, se negó a inscribirlo porque no estaban reunidos todos los requisitos: le faltaba la licencia ambiental, estudio de impacto ambiental, informe sobre inocuidad alimentaria, entre otros. Recién tras el golpe de Estado y estando en la presidencia del Senave Jaime Ayala, que es un empresario de agroquímicos, se dispuso la inscripción del algodón BT, de la Monsanto, liberándose su uso en todo el territorio nacional”.

Prosiguió diciendo que, además de liberar variedades transgénicas de maíz y algodón en forma excepcional, vía decreto presidencial, Federico Franco también emitió el decreto que crea la Comisión de Bioseguridad, “es decir, que la recrea, sacándole todas las atribuciones, para liberar las instrucciones y dejar todo en manos del Ministerio de Agricultura. Franco derogó todo lo que había antes para dar pase libre a los transgénicos. Detalles como, por ejemplo, cuántos miembros integran la Comisión de Bioseguridad, no sabemos, porque todavía no se reglamentó la institución, por lo que hoy desconocemos cómo se están liberando los transgénicos. La legislación que había fue totalmente derogada por Franco”, manifestó.

González finalizó denunciando que la empresa multinacional Monsanto está ahora patentando plantas y semillas en el país, lo cual es prohibida por nuestra legislación vigente: “solo pueden patentarse microorganismos”, explicó la experta.

Lamentó que el Ministerio de Industria haya dado curso a esta solicitud de patentamiento de semillas de maíz y otras variedades por la Monsanto. “Debía rechazarla de oficio, por improcedente”. Sin embargo, el pedido está en marcha. “¿Cuál es el peligro de la patente? Monsanto y las corporaciones semilleras dicen que inventaron todo lo que patentan. Van a hacer los reclamos a quienes se benefician de sus cultivos, aunque estos hayan sido afectados por la contaminación y el proceso natural de la polinización por acción del aire. Como son beneficiarios de esa patente, van a salir a demandar a quienes identifiquen como usuarios ‘piratas’ de esa patente”.

Panel 4 “Semilla Róga y la agroecología”

A su vez, la coordinadora departamental de Conamuri en Concepción, María Moreno, expuso sobre la iniciativa agroecológica contenida en Semilla Róga (o Casa de las Semillas) y, desde su experiencia como agricultora, dio su testimonio acerca de cómo se siente la pérdida de la soberanía alimentaria en las comunidades.

Lamentó que actualmente el campesinado, ni los pueblos indígenas, cuenten ya con algunas variedades que eran abundantes un tiempo atrás. “Teníamos diferentes tipos de porotos, por ejemplo; ahora tenemos que salir a comprar nuestras semillas para cultivar”.

Responsabilizó de esto también a las multinacionales que comercian las semillas y todo el paquete que traen para el cultivo: “contaminan el suelo y el agua; casi toda la buena tierra está en manos de los grandes terratenientes que echan los bosques para extender sus dominios”.

¿Qué hace Conamuri para paliar esta situación? “Tenemos Semilla Róga”, responde María, con su generosa sonrisa. “Ahí nos juntamos diferentes departamentos para recuperar las semillas y distribuirlas después entre las compañeras, para tratar de rescatar esas variedades que se van perdiendo”, expuso.

Moreno propone el trabajo conjunto entre hombres y mujeres para mejorar de nuevo los cultivos y fortalecer así la agricultura campesina e indígena. “Conamuri tiene 26 huertas comunitarias enfocadas en técnicas agroecológicas. El grupo de voceras y voceros de la Campaña de la Semilla sirve para fomentar la réplica en las comunidades y en los comités de base. Las parcelas demostrativas en cuatro departamentos son un ejemplo”, contó.

La integrante de Conamuri dedicó la última parte de su discurso para denunciar la situación que se vive en el primer departamento, Concepción. “Es el más perseguido y castigado”, manifestó. Recordó que solo hacía unas horas atrás “se enterró a un compañero dirigente sin tierra [Lorenzo Areco, acribillado por sicarios el 14 de agosto pasado]. En febrero fue Benjamín “Toto” Lezcano. Hubo otros más en un corto tiempo. Estamos tristes. Los helicópteros vuelan en el campo comunal, todo el día. ¿Por qué nos persiguen en Concepción de esta manera? Porque no permitimos que entren los cultivos de soja, hasta ahora estamos resistiendo, aunque no sabemos hasta cuándo”.

Recordó también que el presidente electo, Horacio Cartes, es dueño de una fábrica de tabacos en Concepción. “Él ya está planteando ‘modernizar’ el departamento”, dijo, en el sentido de que, lo más probable, es que la introducción de los monocultivos transgénicos tenga el aval necesario por parte del Ejecutivo para enraizarse en esta zona del norte del país.
Intercambio de semillas

Acto seguido a la presentación de los paneles y el debate con el aporte del público, se realizó el intercambio de semillas nativas y criollas entre las agricultoras presentes, lo cual es una gran conquista del campesinado organizado, poder reunir a las trabajadoras y trabajadores del campo para multiplicar las semillas a través del intercambio no sometido al régimen de producción vigente.

Como cierre de la actividad, se marchó hasta el local del Senave (institución encargada del control de las semillas y vegetales) para realizar un mitin de repudio contra las políticas de transgenización del país y por la defensa las semillas nativas.

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