Declaración final

DECLARACION FINAL

Por los caminos de América

 

hay tanto dolor y llanto

 

nubes, misterio y encanto

 

que envuelven nuestro caminar.

 

Hay cruces en los caminos

 

piedras manchadas de sangre

 

apuntando como flechas

 

dónde está la libertad.

Zé Vicente

América Latina sigue viviendo bajo la dominación política y económica del imperialismo norteamericano. En el marco de la reestructuración del mercado mundial y la conformación de democracias formales y tuteladas en América Latina, se han aplicado políticas de ajuste y se han privatizado y entregado las economías nacionales al capital internacional.

Las políticas neoliberales en el agro Latinoamericano se han expresado en francos retrocesos de las reformas agrarias, con legislaciones anticampesinas que tienen como fin lanzar al mercado millones de hectáreas de tierras y facilitar procesos de reconcentración de las mismas. También han ocasionado un alarmante crecimiento de la pobreza, migraciones hacia las ciudades y destrucción de las economías campesinas.

Ante esta situación, la resistencia campesina e indígena se ha manifestado a través de la movilización, ocupaciones de tierras, impulso de alternativas autogestionarias para enfrentar los retos de la producción, los servicios y el mercado.

Parte de esto ha significado el impulso de la campaña 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, promovida desde 1989, con la cual se desarrolló una movilización a nivel continental. Fruto de ella fue el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Rigoberta Menchú y la declaración de la ONU del Decenio de los Pueblos Indígenas.

Bajo este espíritu de unidad en la diversidad, un número significativo de organizaciones del campo Latinoamericano y del Caribe, acordamos convocar al I Congreso Latinoamericano (CLOC), realizado entre el 21 y 25 de febrero de 1994, en Lima, Perú, con el propósito de intercambiar experiencias entre nuestras organizaciones y buscar formas de coordinación y de acciones conjuntas.

Hoy hemos concluido exitosamente nuestro I Congreso. Hemos alcanzado los objetivos que nos planteamos, con la participación de 238 delegados, de 84 organizaciones gremiales, procedentes de 18 países de América Latina y 3 de Europa.

Gracias a la participación y aportes de todos los delegados hemos arribado a conclusiones esperanzadoras. En el aspecto agrario concluimos que el derecho de los campesinos a la tierra y de los indígenas a su territorio es irrenunciable e irrevocable y forma parte de los derechos humanos. Que una verdadera reforma agraria supone profundos cambios en las estructuras sociales y productivas, un reordenamiento de la legislación anticampesina que garantice las formas de propiedad social y la conducción directa de la tierra. No más tierras en pocas manos, ni muchas manos sin tierra.

Convenimos que es fundamental promover el acceso de los pequeños y medianos productores al crédito, asistencia técnica e investigación, mercados seguros y precios justos para sus productos, seguro agrícola y servicios básicos; impulsar formas alternativas de autodesarrollo e integración económica desde nuestras organizaciones, tanto a nivel local, nacional, como a nivel de América Latina; y trabajar por una agricultura autosostenible que garantice el mejoramiento de la calidad de vida de la población, el uso racional de los recursos naturales y la preservación de nuestros recursos genéticos.

Mantendremos con firmeza nuestra lucha por el respeto a la identidad cultural, a la autoderminación y al territorio de los pueblos indios; buscaremos en todo momento la unidad de los indígenas y campesinos; lucharemos por la aprobación del proyecto de Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas por la ONU.

La lucha de las mujeres del campo es la lucha de todos; no es un problema sólo de las mujeres sino de todos los explotados, de toda la sociedad. Trabajaremos por una mística latinoamericana que supere todo tipo de discriminación y violencia contra la mujer, facilitando y apoyando su participación activa y con iguales derechos que el hombre en las diferentes instancias de decisión. Debemos buscar que la niñez y la juventud tengan una especial atención; como organizaciones del campo lucharemos por garantizar su alimentación, educación, salud, recreación y su seguridad. Que no haya más niños explotados ni juventud sin empleo.

Demandamos una educación que responda a los problemas y necesidades de transformación y desarrollo integral del campo, que afirme los valores culturales de las comunidades campesinas y pueblos indígenas. Nuestras organizaciones campesinas se responsabilizarán por la salud en las zonas rurales, impulsando campañas preventivas, de difusión, capacitación, programas y revaloración de la medicina tradicional.

Es necesario readecuar nuestras formas de organización y de lucha, tomando en cuenta los cambios políticos y económicos impuestos por el neoliberalismo. Es necesario fortalecer la autonomía de las organizaciones campesinas frente al Estado, ONGs, iglesias y partidos políticos.

Denunciamos la represión y persecución de militantes y dirigentes campesinos que, en algunos casos, sufren encarcelamientos bajo el pretexto de combatir la subversión y el narcotráfico; exigimos el esclarecimiento de acciones represivas y masacres contra campesinos, indígenas y otros sectores del pueblo y castigo a sus responsables, como es el caso de la desaparición y muerte de 9 estudiantes y un profesor de la Universidad la Cantuta a manos de militares en el Perú. Exigimos la libertad de luchadores campesinos e indígenas como de los presos políticos en todo el continente.

También demandamos la despenalización del cultivo y comercialización de la hoja de coca, ya que forma parte de la cultura y la economía de diversos pueblos indígenas de Bolivia y Perú. Nosotros revaloramos a la hoja de coca como un elemento cultural ancestral de nuestros pueblos originarios.

Teniendo en cuenta los diversos aspectos trabajados en el I Congreso Latinoamericano de Organizaciones del Campo hacemos un llamado a unir nuestras fuerzas y experiencia acumulada, a readecuar nuestras formas de lucha y a renovar nuestras propuestas organizativas y programáticas conforme los nuevos tiempos.

Debemos generar conciencia acerca de que la cuestión agraria e indígena en América Latina es un problema que compete a toda la sociedad y como tal debemos abordarla dentro de una estrategia de poder alternativo y popular. En ese sentido, llamamos a todas las organizaciones sociales, a los investigadores, a los medios de comunicación, y a las iglesias, para que apoyen todos los esfuerzos encaminados a lograr la unidad duradera de campesinos e indígenas del continente.

Expresamos nuestra solidaridad activa y militante con la revolución Cubana, ejemplo de resistencia y lucha consecuente contra el imperialismo. Demandamos el levantamiento del bloqueo norteamericano a dicho país y el cese inmediato de todo tipo de hostilidades que impidan su estabilidad y desarrollo.

Nuestra solidaridad con los pueblos de Haití, Panamá y Chiapas, los cuales son objeto hoy de diversos atropellos a sus derechos y que nos señalan pautas a tener en cuenta para enfrentar de mejor manera los problemas que aquejan a nuestros pueblos y zonas rurales.

Levántate América, madre de tantas raíces, continente de la esperanza, tierra del futuro, tierra de Martí, tierra de Zapata, tierra de Mariátegui, tierra de Sandino, tierra de Bolívar y de tantos héroes y heroínas, a quienes rendimos desde aquí nuestro homenaje.

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