El IV Foro Social Américas (FSA), instalado en el corazón del continente, arrancó con una marcha por las principales calles de Asunción desde Consejo Nacional de Deportes hacia el edificio del Cabildo, ubicado en el centro de la ciudad. Alrededor de 10 kilómetros caminaron las delegaciones de 600 organizaciones sociales, que provienen de diversos países de América Latina.
La marcha fue encabezada por campesinas e indígenas de la Federación de Mujeres Campesinas “Bartolina Sisa” de Bolivia, la premio Nóbel Rigoberta Menchú de Guatemala, y Magui Balbuena de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (CONAMURI) de Paraguay.
Alrededor de 4 mil personas participaron en la colorida manifestación en la que las distintas organizaciones desplegaron sus banderas, acompañados por jóvenes voluntarios/as de Paraguay que hicieron la “guardia” durante todo el trayecto. Durante todo el recorrido se escucharon consignas a favor de la integración y la liberación del continente, poniendo especial énfasis en el rechazo a las bases militares estadounidenses en el continente y a la criminalización de las luchas de los pueblos. Varios ciudadanos/as aplaudían desde las ventanas de sus casas a los manifestantes que recorrían las calles al son de la “batucada” y la música de grupos musicales bolivianos.
La dirigente de Conamuri, Magui Balbuena, fue la encargada de dar la bienvenida a todos y a todas en la plaza del Cabildo, señalando que el FSA es “un momento histórico para el pueblo de Paraguay, que posibilita encontrarnos y compartir nuestras luchas para crear un gran frente de batalla contra el imperialismo, desde esta diversidad avanzaremos en la construcción de otro mundo posible.”
El acto que tuvo como característica la locución de los idiomas que son parte del país, el guaraní y el español, presentó al coro Tava Guaraní-San Pedro, integrado por jóvenes de ese departamento. Luego, el representante del Consejo Hemisférico del FSA, el venezolano Edgardo Lander, se dirigió al público señalando que este Foro se produce en un escenario político que ha sufrido cambios en toda la región, manifestando que “el continente debe estar más unido hoy, y debe reforzar la construcción de alternativas que se han levantado, apoyando a los modelos de sociedades que tienen una apuesta distinta al neoliberalismo”.
Así se inició la IV edición del Foro Social Américas en el que 6.000 participantes desarrollaran sus debates hasta el 15 de Agosto.
Asunción comienza a llenarse de la diversidad cultural de América. Por sus calles transitan mujeres y hombres de distintos puntos del continente. La ciudad se prepara para recibir a los más de diez mil delegados internacionales, que se espera participen en el IV Foro Social América (FSA), espacio de debate y propuestas de los movimientos sociales del continente, que este año se realiza en Asunción, Paraguay, del 11 al 15 de agosto.
Movimientos campesinos, de trabajadores, indígenas, afrodescendientes, mujeres, diversidad sexual, jóvenes, intelectuales, –entre otros- estarán presentes en el FSA para presentar alternativas que apuestan por otros modelos de sociedad, soberanías e integración. Este encuentro de los pueblos americanos, se inicia este miércoles con una marcha por las calles de asunción, que será el pie para el acto de lanzamiento donde estará presente Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz.
Este encuentro de los pueblos americanos, se realiza por primera vez en tierras guaraníes, como una forma de apoyar el proceso de transformación social y política que vive Paraguay con el fortalecimiento de su democracia. Así lo señala Fernando Rojas, parte del equipo facilitador del Paraguay en el FSA, quien además explica “ver ese intercambio de ideas, de luchas, de angustias, pero por sobre todo ese intercambio de emociones, de encontrarnos y saber que estamos juntos en la construcción de otra América nos pone muy contentos en Paraguay”.
Programa: alternativas a la hegemonía
Siete son los ejes principales del FSA, que incluyen los procesos de cambios en el hemisferio, estrategias de militarización y dominación imperial, disputas hegemónicas y pueblos originarios, entre otros. Además, los movimientos sociales y las organizaciones han programado centenares de actividades autoprogramadas que traducen la diversidad de análisis y propuestas presentes en el foro.
Las discusiones y el avance de los procesos transformadores en el continente estarán presentes a través del foro “Soberanía e Integración: nuestra América en camino” donde participaran los representantes de movimientos sociales Francisca Rodríguez (Chile) de Vía Campesina y Camille Chalmers (Haití) de Jubileo Sur.
Algunos de los momentos principales del Foro será la presentación de la campaña contra la militarización en América Latina, que se realizará el 14 de agosto, el foro sobre agronegocios, Soberanía Alimentaria, cambio climático que convocada por Amigos de la Tierra, Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC) – Vía Campesina (VC), la Marcha Mundial de Mujeres (MMM) y otras organizaciones durante la mañana del 14 de agosto. Tal como lo explica Tica Moreno del Consejo Hemisférico del FSA y parte de la MMM Brasil “esta actividad sobre agronegocios es importante porque en ese tema están tanto las resistencias como las alternativas al actual modelo de desarrollo basado en la agro exportación y los monocultivos”.
La Asamblea de Movimientos Sociales – que se llevará a cabo el día 15- será otro de los momentos principales de articulación ya que “será la instancia para debatir y consolidar nuestras convergencias y luchas para después proyectar bajo la idea de que el foro no es solo un evento sino que la lucha de los movimientos, es un proceso permanente concluye Tica Moreno
Dirigentas de organizaciones campesinas y de agrupaciones feministas de América Latina, se dieron cita en el marco del IV Foro Social Américas (FSA) en Asunción, Paraguay, en un conversatorio que intenta acercar distintas visiones sobre la liberación de las mujeres para construir una propuesta de sociedad anticapitalista y antipatriarcal, un proyecto socialista que sea emancipador, incorporando las distintas identidades.
El conversatorio “Taller sobre feminismo y socialismo”, tuvo como panelistas a las representantes de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (CONAMURI) de Paraguay, Fridas de Paraguay, Pañuelos en Rebeldía de Argentina, la Marcha Mundial de Mujeres (MMM) Brasil y la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI) de Chile.
La presidenta de Conamuri, Magui Balbuena fue la encargada de abrir el panel, poniendo en el centro de su propuesta, que sin feminismo no puede haber socialismo, señalando “este tema no puede estar ausente de los grandes lineamientos políticos y debe ser encarado por los dos sexos, es impensable que un movimiento avance si no incorpora en todos los programas de las organizaciones sociales, el tema de la mujer y sus problemáticas específicas, feminismo y socialismo no son cosas aisladas”.
Durante el conversatorio, varias integrantes de organizaciones de El Salvador, Honduras, Guatemala, Estados Unidos y Chile, plantearon el tema de avanzar también en profundizar el debate al interior de los movimientos sociales, para ir conquistando pequeñas luchas en el cambio del pensamiento patriarcal que impera internamente en las organizaciones. Al respecto, se ha dado a conocer las dificultades que han tenido las mujeres en los distintos procesos de resistencia, para ser parte visibles en las distintas luchas que se han librado en el continente.
Además, las mujeres de organizaciones campesinas, han interpelado a las feministas, a realizar una profunda reflexión sobre cómo aunar las luchas por la emancipación de las mujeres, con las luchas y las demandas de los pueblos, para dar un mayor impulso a la reflexión de la nueva sociedad que queremos las mujeres.
Por otro lado, las feministas señalan que según la experiencia vivida en los socialismos reales, surge la necesidad de señalar, dentro de este socialismo que se quiere, que éste no sólo sea anticapitalista, sino también antipatriarcal, que incluya otras miradas y otras identidades, pues uno de los efectos más graves del patriarcado, que se debe combatir a diario, es la violencia de todo tipo sobre la mujer.
La separación que se hace entre feminismo y socialismo, es un debate que ha comenzado a repensar cómo unificar estas propuestas, por ello, las asistentes al conversatorio, valoran como altamente positivo el encuentro entre las campesinas y las feministas, como un gran avance en construir propuestas para un proyecto revolucionario socialista, que contemple un modelo de relaciones distintas
La premio Nobel de la Paz de Guatemala (1992), Rigoberta Mechú, visitó el Campamento de la CLOC – Vía Campesina para compartir con las y los compañeros que se han congregado en este espacio, acompañada de una delegaciòn de Venezuela y Chile. La compañera Francisca Rodríguez de ANAMURI, parte de la comisión política de la CLOC, agradeció el gesto de la hermana.
El Delegado de Venezuela dijo “que el IV Foro Social Américas es una respuesta al imperialismo y una propuesta dentro de la diversidad, es necesario construir la unidad contra el mundo de guerra que amenaza al planeta tierra, lo cual requiere de esfuerzo, pero tenemos el compromiso moral y político de estar aquí». En este marco saludó a nombre del pueblo venezolano y del presidente Hugo Chavéz afirmó el compromiso de hacer resistencia, de salvar el planetea, para eso es importante participar en espacios de diálogo y debate como el foro.
Rigorberta Menchú dijo estar orgullosa de participar del l IV Foro Social Américas “yo nací en la lucha campesina, mi padre fundó el CUC y por eso dio la vida, fue quemado vivo junto a 39 personas más en la Embajada de España el 31 de enero de 1980 en Guatemala. Cada vez que veíamos la lucha campesina nosotros decíamos por ahí vamos porque es la defensa de la vida digna, trabajando por la unidad del campesinado, en este contexto saludo a las delegadas y delegados de la CLOC -Vía Campesina» señaló.
Menchú compartió un poema para animar el espirítu de la militancia: “Cortaron nuestras ramas, cortaron nuestras flores, arrancaron nuestros arbolitos, cortaron y quemaron nuestros troncos pero no quemaron nuestras raíces”. En este sentido, indicó que “Solo unidos vamos a salir adelante, nadie va a salir adelante sino hacemos una fuerza comunicada. Quizás no cambiemos de un año a otro, pero con nuestro esfuerzo tenemos que descolonizar más de 500 años de nuestra mente, de nuestras organizaciones para construir una América libre”.
Finalmente, animó a acompañar el proceso boliviano “vamos a demostrar que lo imposible es posible y con el apoyo del continente, especialmente de Ecuador, Venezuela, Cuba y de los Mapuches. Instó a los dirigentes a dar lugar a los jóvenes que tienen la responsabilidad de darle continuidad a la lucha de largo plazo, porque ellos son nuestras raíces.
El modelo de producción agrícola-exportadora a gran escala, instalado en las últimas décadas en América Latina, ha llenado los campos del continente de monocultivos y plantaciones transgénicas, provocando la devastación de la biodiversidad y la destrucción de las tierras campesinas e indígenas. Los daños a la tierra y al territorio latinoamericano, fueron analizados en este IV Foro Social América, en la voz de campesinos y campesinas víctimas de éste modelo de producción agrícola.
La resistencia frente a los monocultivos
Los monocultivos – producción a gran escala de una sola especie foránea, plantada para la exportación- invaden las tierras de las y los campesinos y de comunidades indígenas con nefastas consecuencias como la reducción de la tierra destinada al cultivo familiar y la expulsión de sus habitantes hacia la ciudad.
Costa Rica, país de Centroamérica, vive una catástrofe ambiental y rural por la producción masiva de la piña, la que es producida para el mercado internacional, principalmente europeo. Las tierras cultivadas con piñas al año 2009 en Costa Rica, eran cerca 42 mil hectáreas, constituyendo la cuarta exportación más importante en el país y con mayor expansión. Así lo indica Gustavo Oreamuno de la organización costarricense “Ditso” (Semilla), quien explica que la producción masiva de “piña es el monocultivo con mayor extensión ya que en los últimos 20 años los cultivos han aumentado en un 7600%, cultivos que tienen grandes costos para las comunidades y muchas ganancias para las empresas transnacionales”.
Tal como lo explica el representante de Costa Rica, los efectos de las plantaciones de monocultivos de piña y su expansión, genera que el territorio campesino e indígena se vaya restringiendo, ya que las empresas exportadoras concentran la tierra para sus productos. Sin embargo, la experiencia de esas comunidades, muestra que la organización social se transforma en el modo de resistir frente a los monocultivos. “Ha nacido la necesidad de organizarse en los barrios y en las comunidades, para presionar y exigir el fin de despojos de tierras campesinas para cultivos de Piña, denunciando el accionar de las empresas transnacionales y reivindicando el derechos de la soberanía alimentaria de los pueblos”, comenta Gustavo.
Lucha de las mujeres por la tierra
Los procesos políticos progresistas que América Latina está teniendo, también ha tenido efectos en la concentración de los territorios. Tal es el caso de Bolivia, país que con la llegada de Evo Morales al poder, lucha por terminar con una de las principales inequidades: la distribución de la tierra. La situación de las tierras hasta antes de la llegada del presidente Morales, estaba concentrada en las manos de los terratenientes, quienes podían tener hasta 500 mil hectáreas. Así lo señala Leonilda Zunita, dirigenta de la organización boliviana “Bartolina Sisa”, movimiento de mujeres que ha dado una gran lucha en la recuperación de tierra para las mujeres.
“Con la llegada de Evo en el 2006 generamos una revolución agraria, no una reforma. Las mujeres nunca habíamos tenido tierras ya que estaban en propiedad de los hombres, entonces nosotras nos organizamos y hoy los títulos son a nombre de mujeres y hombres, lo que es un gran triunfo para nuestra organización”, explica la dirigenta de las Bartolina Sisa.
Si bien las tierras a las cuales pueden acceder las mujeres son entre 5 y 10 hectáreas, los asambleístas y el Estado Plurinacional redujeron el máximo de tierras que puede concentrar un privado, siendo el tope 5.000 hectáreas. “Antes habían latifundista que llegaban a ser dueños de hasta la mitad de un departamento, y ahora todas y todos, tenemos acceso a esas tierras”, señala Leonilda.
Desconcentrar la tierra, fuera transnacionales
Esta lucha que las mujeres han llevado para ejercer el derecho a la tierra, se ha replicado en otros países del continente como es el caso de El Salvador, país en que el 2% de la población concentra el 57% de la tierra cultivable, estando excluidos los pueblos originarios y las mujeres.
Tal como lo explica Wendy Cruz, de Vía Campesina Centroamérica, ésta situación de concentración y falta de tierras cultivables, ha generado una lucha de las mujeres campesinas, quienes organizadas reclaman el derecho a tener tierras para vivir y generar alimentos. “La tierra es un derecho humano y desde Vía Campesina trabajamos para concientizar cada vez más a las comunidades sobre ésto, sin embargo, en otros países las luchas de las mujeres campesinas ya hay triunfos como lo es el anteproyecto de ley en Nicaragua, para que doten de tierra a las mujeres”, señala Wendy.
Sin embargo, las comunidades indígenas y campesinas reconocen que tierra y territorios son elementos conjuntos, ya que no se pueden disociar uno de otro, y ambos han sido defendidos históricamente por culturas indígenas como la Maya. “Nuestros antepasados defendieron el territorio de los españoles y ahora nosotros la defendemos de las más de 320 solicitudes de exploración de las empresas mineras y de otros proyectos de éste tipo” explica Daniel Pascual, del Comité de Unidad Campesina de Guatemala.
Actualmente en Guatemala, la minería no es lo único que amenaza las tierras, ya que también existe los monocultivos de caña de azúcar y palma para producir agro combustibles, los que abarcan gran cantidad de superficie. “En Guatemala, llevamos una lucha frontal contra las transnacionales, donde las comunidades resisten a través de consultas participativas, donde se pregunta si quieren o no mineras en sus territorios. En la última consulta, participó cerca de un millón de personas, quienes les dijeron “no” a las transnacionales”, señala Daniel Pascual.
Así, el trabajo de las organizaciones campesinas que luchan por mantener las tierras libres de los monocultivos y de los proyectos de las empresas transnacionales, insisten en que el principal factor para iniciar esa resistencia es la toma de conciencia, por parte de las comunidades, de que la madre tierra no tiene dueño ni precio, ya que los únicos poseedores de la tierra son quienes la respetan, cuidan
Con una mística, que mostró la apropiación de las tierras por parte de las transnacionales, la represión a las y los campesinos que resisten, y el surgimiento de las organizaciones en respuesta a esta invasión capitalista, se dio apertura a la discusión del tema “Agronegocios, Soberanía Alimentaria y Cambios climáticos” donde participan diversas organizaciones campesinas e indígenas, reunidas en el marco del IV Foro Social Américas (FSA).
La Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) Vía Campesina (VC) junto al Grupo Erosión Tecnología y Concentración (ETC), Amigos de la Tierra y Grain, iniciaron sus presentaciones, encaminadas al desafío que representa combatir los agronegocios en el continente, que se apropia de las tierras para producir alimentos destinados a la comida de animales, a la generación de combustible, y en menor cantidad, alimentar a los seres humanos, provocando con ello, no solo daños severos a la naturaleza y el clima, sino también el desplazamiento de miles de familias campesinas e indígenas cada día.
Agronegocios y cambio climático en América Latina
“Amigos de la Tierra”, representado por Martín Drago de Uruguay, señaló que la idea es continuar el trabajo de reflexión realizado en la Cumbre de Cochabamba, el presente año. Entre las discusiones pendientes, está la construcción de una agenda común frente al proyecto político del agronegocio y su rol en la acumulación del capital, que tiene como objetivo el dominio del capital sobre la agricultura.
El agronegocio, enfatiza, ha venido para apropiarse de la biodiversidad de los pueblos, a través de las grandes empresas, los bancos y el comercio, dominando a nivel mundial, los precios y las pautas de consumo de los alimentos. Al respecto Martín Drago agrega: “Además de controlar las ramas productivas, se controla el FMI, FAO, BID, todos ellos, organismos internacionales que no están al servicio del pueblo sino de las empresas. Esto crea una arquitectura internacional a través de los tratados de libre comercio que logran grandes acuerdos y fuerzan a los países a mantenerse en condiciones de perder la soberanía”.
El excedente de la producción industrial y las ganancias del sistema financiero fluye de otras ramas a la agricultura, esto hace que la agricultura pierda autonomía, un método para seguir acumulando capital y generar ganancias cuantiosas.
Martín Drago expresa que esta ofensiva contra la agricultura campesina se manifiesta en toda rama de la economía. “Hay una expansión del territorio a todos los territorios del planeta. La frontera agrícola es global. Se pierden agricultores y campesinos, son manos de obra o son desplazados. Los alimentos adoptan la forma de mercancía para reproducir el capital”.
Estas empresas se ubican en toda la fase del proceso industrial. En la producción de insumos están las empresas Monsanto, Bayer, Syngenta, que producen semillas, en la de comercialización están Cargill, Dreyfus, etc. Esta inversión del capital implica un flujo continuo de capital hacia el agro, en este sentido, el agro se convierte en un sector rentable donde invertir.
Drago, explica que esto tiene un impacto directo en los seres humanos, el primero de ellos es el hambre. Según datos de la FAO, se produce suficientes alimentos en el mundo para alimentar a todo el planeta, sin embargo, hay más de mil millones de personas que sufren hambre y siguiendo con las cifras, tres de cuatro personas viven en el campo y producen alimentos. Este modelo, además expulsa a los y las campesinas de sus tierras, y con ello, fomenta el empobrecimiento, en tanto, la producción de alimentos en las últimas décadas creció más que la población. También ha aumentado la concentración de la propiedad de la tierra, ya sea a través de rentar o comprar tierras que serán apropiadas por las grandes empresas.
Los efectos del modelo también se pueden apreciar en el medio ambiente, la destrucción de la biodiversidad, la pérdida de las selvas tropicales, la alteración y contaminación de los ciclos de agua, la pérdida de la calidad de los suelos, el cambio climático, es ya palpable para todos y todas. La agricultura industrial es responsable de 25% de las emisiones de bióxido de carbono, del 80% de óxido nitroso en el planeta. En tanto, la agricultura campesina es la única propuesta que está enfriando el planeta.
La cultura campesina e indígena
Por su parte Silvia Ribeiro de ETC, México, manifiesta que “la agricultura es una cultura. Se basa en el sol, la tierra, el agua, las semillas, el trabajo. Eso siempre alimentó al planeta durante miles de años. Ahora, para producir comida se necesita máquinas inmensas, dinero, petróleo, para ponerle químicos, tóxicos. Esto crea un problema inmenso en el medioambiente, la contaminación del agua, del suelo, la gente se enferma con los químicos del campo”.
En la actualidad la agricultura es dominada por 20 empresas que van desde la venta de semillas hasta grandes supermercados, con una producción que necesita químicos y agrotóxicos que no alimentan a la gente, sino que ponen en riesgo sus vidas. Los y las campesinas e indígenas, produjeron durante diez mil años, y alimentaron al mundo sin necesidad de contaminar el planeta y hoy, pese a todo lo que se dice, los y las campesinas, alimentan a las tres cuartas partes del planeta.
En tanto, Carlos Vicente de Grain, Argentina, agradeció el ejemplo de la Vía Campesina (VC) por la resistencia que ha dado contra este modelo imperante, donde hombres y mujeres organizados/as defienden su territorio, sus semillas y sus formas de alimentación, agregando “Nuestro desafío es resistir, fortalecer. Todavía las semillas siguen en nuestras manos, tenemos los conocimientos, luchemos contra el patentamiento de las corporaciones. Recuperemos la libertad de circulación de las semillas que durante años nos alimentaron”.
En la actualidad ha comenzado un proceso de acaparamiento mundial de tierra, que comenzó en el Medio Oriente y en África, que hoy se extiende a este continente, y que según lo señalado por Carlos Vicente, se traduce en la compra de tierras donde todo lo que se produce se lo llevan a sus países, “con esta modalidad, la soberanía nacional se pierde. La respuesta está en los campesinos e indígenas del mundo”.
Por su parte Evento Díaz, de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC)-Vía Campesina (VC) de Colombia, señala que cuando nace esta organización, surge como un referente importante en el continente, para combatir las políticas neoliberales que viene a privatizar los bienes naturales, las principales empresas estatales y arrasan con la cultura de los pueblos y los territorios.
Por ello, la VC desarrolla varios ejes de trabajo dirigidos a enfrentar las políticas de las grandes corporaciones y de los Estados, principalmente en los países de mayor poder económico y militar que imponen sus políticas a través de los organismos internacionales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y otros. Es en este marco de luchas, que fracasa el ALCA, sin embargo, la lucha contra los Tratados de Libre Comercio (TLC) y por la defensa de la naturaleza, que lesionan la soberanía alimentaria, siguen en el continente
La criminalización de los movimientos
Lucha contra la represión y la criminalización de los movimientos sociales, es hoy uno de los frente en común en el continente. Hay una profunda violencia contra campesinos/as e indígenas, especialmente contra aquellos/as que tienen una propuesta política más definida. En este contexto, el dirigente de CLOC-VC Colombia, manifiesta que «tenemos que dar una gran batalla ideológica, tenemos la desventaja de que los medios de comunicación nos bombardean a diario en la televisión, la prensa, Internet. Nosotros creemos que debemos recuperar el territorio, y para ello se desarrollan distintos tipos de acciones”.
Sin embargo, esta acción de las bases sociales por la reforma agraria, el control de los mercados locales para la producción de alimentos, incluso la instalación de un desarrollo agroecológico que permitan seguir manteniendo la economía campesina, articulado todo con los movimientos del sector popular, es considerado un delito a la hora de enfrentarse con el gran capital. Ha llegado al extremo que intercambiar semillas entre los distintos pueblos, es hoy un delito.
La CLOC y la VC son articulaciones internacionales que comparten movilizaciones conjuntas, y golpean en el corazón de las grandes corporaciones y de los organismos internacionales que están velando los intereses capitalistas, entre ellas la campaña por la reforma agraria, la campaña de las semillas, resistencia a la destrucción del medio ambiente, y la campaña de denuncia de la violencia contra las mujeres, jóvenes y niñas en el campo.
Entre las propuestas trabajadas por los grupos que se instalaron para debatir todos estos temas, surgieron distintas propuestas, entre ellas asumir aquellas que emanaron de la Cumbre climática, realizada en Bolivia, el pasado mes de abril. También se señala que es importante, incidir en las políticas públicas de los distintos gobiernos y promover de este modo, la agricultura campesina y agroecológica, como ha sido el caso de países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, que han elaborado nuevas cartas constitucionales.
El dirigente campesino concluye, “nuestro enemigo es un gran poderío, imperial, pero sabemos que el campesinado es cerca de la mitad de la población del mundo que podemos articularla para poner en nombre de nuestros intereses. Defendiendo la soberanía territorial, nacional y alimentaria nosotros mismos estaremos construyendo nuestro destino”