Declaración latinoamericana en defensa de las semillas,la biodiversidad y la soberanía alimentariafrente a la edición génica

Quito, junio 2026

Las organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes, sociales, ambientales, académicas y
ciudadanas de América Latina reunidas en el Encuentro Latinoamericano: La Edición Génica en
América latina, amenazas y Estrategias, celebrado en la Universidad Andina Simón Bolívar en
Quito el 1 y 2 de junio, para reflexionar sobre los impactos de la edición génica en la agricultura
y la alimentación, expresamos nuestra preocupación y rechazo al avance de estas tecnologías en
nuestros territorios.

  1. La edición génica es parte de una nueva ofensiva tecnológica que busca imponer controles
    sobre la vida, las semillas, los saberes y los territorios de los pueblos. Es un modelo
    biotecnológico que menosprecia la biodiversidad, los ecosistemas y a los seres vivos, que los
    considera simples materias primas manipulables según las necesidades de acumulación de
    capital, alterando los metabolismos, ignorando los límites ecológicos, las escalas naturales y
    finalmente los derechos de las comunidades que han cuidado y recreado la biodiversidad por
    generaciones.
    Estos nuevos organismos genéticamente modificados se orientan a la manipulación de los
    cultivos campesinos y a la desaparición del campesinado, los pueblos originarios y
    afrodescendientes, al minar la relación que mantienen con los cultivos, las semillas y modos de
    vida en sus territorios, lo que atenta contra la biodiversidad y el futuro del planeta.
  2. Varias regulaciones latinoamericanas se refieren la edición génica como “una técnica de
    mejoramiento de precisión”, y la industria la presenta como “solución verde y amigable” con el
    ambiente y los consumidores, aunque no sea tan precisa y conlleve numerosos riesgos a la salud
    de plantas, animales y humanos, a los sistemas de alimentación campesinos, a la seguridad y
    soberanía alimentaria, y a la biodiversidad y al medioambiente.
    Diversas investigaciones científicas muestran que estas tecnologías pueden generar
    mutaciones inesperadas, pérdida de material genético, reordenamientos genéticos y otros
    cambios imprevistos.
  3. Si la modificación genética como la conocíamos era insertar material genético de una especie
    ajena, aquí la industria desfigura las semillas o incluso a animales o microorganismos, “editando”
    sus componentes, lo que resulta ser una desfiguración de esos organismos vivos. Es importante
    entender que esta manipulación los hace equivalentes a los organismos transgénicos, y no
    pueden nunca considerarse convencionales.
    La edición génica en una especie provoca cambios diferentes a los que se efectúan en la
    naturaleza o en el mejoramiento convencional, y sus consecuencias son poco conocidas. En los
    cultivos alimentarios editados genéticamente estos cambios podrían alterar su composición
    bioquímica y provocar la producción de toxinas y reacciones alérgicas con efectos inesperados
    en la salud.
  4. Como se trata de seres vivos cuyo material genético se ha editado y rediseñado
    artificialmente en laboratorio, deben estar siempre sujetos a evaluaciones de riesgo rigurosas e
    independientes, de conformidad con el principio precautorio y con los compromisos
    establecidos en el Protocolo de Cartagena, así como a las prohibiciones o moratorias impuestas
    a los organismos genéticamente modificados. Presentarlos como organismos convencionales,
    oculta sus riesgos potenciales para la biodiversidad, los sistemas alimentarios, la salud humana y
    los ecosistemas, y limita el derecho de los pueblos a decidir de manera informada sobre las
    tecnologías que afectan sus territorios y su alimentación sana.
  5. Es falso que estas técnicas sean equivalentes al mejoramiento convencional o al trabajo
    histórico realizado por campesinas, campesinos, pueblos indígenas y comunidades locales. Los
    sistemas campesinos de selección y conservación de semillas se fundamentan en la observación,
    la diversidad biológica, el intercambio de conocimientos y la adaptación permanente a los
    territorios. Son procesos colectivos construidos durante miles de años, asociados a la relación
    profunda y ancestral de las comunidades con sus semillas y sus cultivos, lo que se vincula con
    una espiritualidad que abarca todos los aspectos de la vida.
  6. Las promesas de la edición génica son las mismas que acompañaron a los cultivos
    transgénicos: acabar con el hambre, aumentar la productividad, reducir el uso de agrotóxicos y
    enfrentar el cambio climático. Tras tres décadas de expansión de los transgénicos nada de eso se
    ha cumplido, el hambre persiste, la degradación ambiental se profundiza, la biodiversidad
    continúa disminuyendo y la agricultura es cada vez más dependiente de insumos externos,
    agroquímicos y semillas controladas por corporaciones.
  7. La expansión de la edición génica amenaza directamente las prácticas campesinas de
    conservación, intercambio y reproducción de semillas ya que depende de tecnologías
    patentadas, mecanismos de manipulación genética en laboratorios que alteran el modo natural
    en que ocurren los procesos biológicos. Pueden contaminar y alterar la composición de cultivos
    y semillas nativas, llevar a la pérdida de la diversidad genética, al abandono de las variedades
    nativas por parte de las comunidades, y profundizar la dependencia hacia variedades comerciales
    y a los agrotóxicos de los paquetes tecnológicos comerciales, lo que contribuye a que pierdan
    su soberanía y autonomía alimentaria.
  8. Su falsa promesa es que permitirán el desarrollo de cultivos que requieren menos pesticidas y
    se adaptan al cambio climático. En realidad fortalecen nuevas formas de propiedad intelectual y
    privatización de las semillas, favoreciendo que un reducido número de corporaciones aumente
    su control sobre los sistemas alimentarios. Los Tratados de Libre Comercio promocionan esta
    situación, al irse expandiendo y/o renegociando en la región, puesto que incluyen normas de
    inversión y propiedad intelectual que refuerzan el control corporativo de la alimentación.
  9. Al menos diez gobiernos latinoamericanos han promovido la desregulación con respecto a la
    edición génica y abierto una nueva y más peligrosa etapa de avance de los organismos
    genéticamente modificados. Las empresas lograron que fueran considerados cultivos
    convencionales y que se les excluya de las evaluaciones y controles de bioseguridad, y de las
    prohibiciones que existen en algunos países, bajo el argumento de que no tienen material
    genético foráneo de la especie. Esto ha sucedido incluso en países como Ecuador o Perú cuya
    normativa prohíbe los cultivos transgénicos y/o genéticamente modificados, o en Chile donde
    esos cultivos no están autorizados para el mercado interno.
  10. Nos preocupa igualmente que estas tecnologías se apliquen a microorganismos que son
    liberados al ambiente sin evaluaciones adecuadas de riesgo, para ser liberados al ambiente y ser
    utilizados como bioinsumos.
  11. Ninguna tecnología capaz de mover genes de un lado a otro puede reemplazar la
    complejidad de los procesos ecológicos y culturales que sostienen la agricultura y la
    alimentación.
    Frente a esta nueva ofensiva, reafirmamos que las verdaderas soluciones se encuentran en las
    comunidades y su experiencia intergeneracional, en la agroecología, la soberanía alimentaria y el
    fortalecimiento de los sistemas campesinos, indígenas y afrodescendientes de producción y
    reproducción de semillas.
    Hacemos un llamado a los gobiernos, instituciones públicas, organizaciones
    intergubernamentales, organizaciones sociales, gremios de productores, universidades y
    ciudadanía a:
  • Rechazar y prohibir la edición génica, establecer la equivalencia de sus productos con los
    transgénicos, siendo todos organismos genéticamente modificados.
  • Detener la desregulación de la edición génica, garantizar la aplicación del principio precautorio
    y el derecho a la información de productores y consumidores.
  • Garantizar la plena realización de los derechos campesinos reconocidos en la Declaración de
    las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que
    Trabajan en las Zonas Rurales (UNDROP), en particular los derechos relacionados con la
    conservación, el uso, el intercambio y la protección de las semillas campesinas.
  • Somos las comunidades y los pueblos quienes seguiremos trabajando de manera organizada,
    defendiendo las semillas, los saberes, los territorios campesinos, con nuestra capacidad
    colectiva para alimentar a la gente y cuidar la vida. Lo haremos con una agroecología de raíz
    campesina como herramienta fundamental de defensa de los cultivos y semillas campesinas,
    de la alimentación, la cocina y la soberanía alimentaria y la defensa de los territorios y la
    autonomía de los pueblos.

Acción Ecológica, Alianza Biodiversidad, Red por una América Latina Libre de
Transgénicos (RALLT), Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo
(CLOC-LVC), Colectivo Agroecológico del Ecuador, Red de Guardianes de Semillas del
Ecuador

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